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Hay equipo para hacer pochoclo.

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Hace un mes, el empresario santafesino Alberto Marchionni logró abrir una enorme puerta: vendió 10 contenedores de maíz pisingallo, de 26 toneladas cada uno, a Estados Unidos, el mercado más importante del mundo y el principal productor. “Es como exportar naranjas a Paraguay”, comparó el productor.

En Hughes, en el sur de Santa Fe, desde hace ocho años la firma apuesta al maíz pisingallo, una especialidad que puede alcanzar precios ventajosos si la oferta no excede la capacidad de consumo del mercado, y que rinde aproximadamente la mitad que el maíz común.

Clarín Rural visitó este establecimiento para saber cómo se organiza la empresa para producir este cultivo, procesarlo y exportarlo.

En la actualidad, los Marchionni siembran 2.000 hectáreas -equivalentes a una cosecha de 10.000 toneladas- con semillas de Basso y Satus Ager libres de OGM (organismos genéticamente modificados). Usan híbridos autoincompatibles en una secuencia similar a la del maíz convencional: trigo-soja; pisingallo; soja de primera, un esquema que sostienen desde hace años en la empresa.

La siembra se hace a principios de septiembre aunque, recientemente, han dejado algunas hectáreas para la fecha de segunda. “Hay que tener extremo cuidado en la limpieza de la sembradora para que la semilla de pop no se contamine”, advirtió el ingeniero Emanuel Marchionni, hijo menor de Alberto.

Por eso, la siembra de pisingallo siempre se hace antes que la de maíz común. “Apuntamos a una densidad de 75.000 a 80.000 plantas logradas por hectárea, en líneas distanciadas a 52 centímetros, y elegimos campos con napa y buena estructura”, contó el ingeniero.

“El control de plagas y malezas es fundamental, es muy importante partir de lotes limpios y que hayan tenido un buen manejo anterior”, destacó el menor de los Marchionni. Vale recordar que el maíz pop no contiene el gen Bt que otorga protección frente a insectos; además, la planta es más pequeña que la de maíz común y tiene hojas erectas, por lo tanto cubre menos el surco. En consecuencia, el manejo agronómico para el control de malezas y plagas debe estar bien afinado.

A la hora de la cosecha -desde fines de febrero a mediados de marzo- también se requieren cuidados especiales, ya que una ruptura del tegumento implica la imposibilidad del grano de explotar en la cocción. Para evitarlo, los Marchionni utilizan cosechadoras axiales y luego realizan un test de yodo a fin de verificar que la capa superficial esté intacta.

Una de las cualidades más importantes del pisingallo es su capacidad de expansión, es decir, cuánto es capaz de aumentar de tamaño cuando se lo somete al calor. Esto depende del híbrido, y hay tres rangos en orden de calidad ascendente: 38-40 cm3/gr; 40-42 cm3/gr; y 42-44 cm3/gr.

Otro de los parámetros a tener en cuenta en este cultivo es el K10 que determina cuántas semillas caben en diez gramos. También se deben respetar estándares de humedad, temperatura y daños por insectos.

Los Marchionni han llegado lejos con el pochoclo. Actualmente exportan a más de cuarenta países en cuatro continentes. Entre sus clientes figuran compradores de Medio Oriente, Sudáfrica, Brasil, Colombia, Venezuela, Perú, Chile, Italia y España. Un 60% de las operaciones las concretan mediante brokers y el resto por venta directa. La empresa es Puerto Seco y cumple estrictos requisitos en sus operaciones.

Una vez cosechado, el pisingallo se lleva a la planta de procesamiento y se deja estabilizar con aireadores por un lapso de entre 30 y 60 días, luego se descarga en bolsas de 20 kilos o 25 kilos, o en big bags de 1.000 kilos, y se carga en los contenedores para su exportación.

“Tenemos trazabilidad de todo el proceso”, apuntó Emanuel, responsable de Comercio Exterior de la firma. Hoy, tienen un costo de procesamiento de 100 dólares por tonelada de pisingallo.

En cuanto al transporte, Alberto contó que es más caro el costo de flete de un camión con pop desde Hughes a Buenos Aires, que el traslado desde el puerto porteño a la India.

Actualmente, el valor FOB del maíz pisingallo es de 850 dólares por tonelada. Pero se trata de un producto con una demanda inelástica cuyo precio puede caer abruptamente de una campaña a otra si la oferta supera las necesidades del mercado.

A diferencia del maíz común, el pisingallo no tiene precio de referencia futura. Al momento de tomar la decisión de siembra, el productor no sabe cuál será la cotización al final del ciclo, eso dependerá de la oferta total que haya en el mercado.

“Por más que el maíz común no sea rentable en ciertas zonas del país, es peligroso que los productores se vuelquen a hacer pisingallo pensando que es la solución porque su capacidad de exportación es muy reducida, unas 240.000 a 250.000 toneladas”, precisó Marchionni. Y recomienda que quien se disponga a encarar la producción de esta especialidad se asesore con alguien que esté en el negocio para no perjudicar a toda la cadena.